Lágrimas carmesí




Me miraba incrédula, y podía leer la desdicha en sus ojos, era incluso capaz palpar la profunda tristeza que emanaba de su mismísima alma. Pero yo no sentía nada... Y me preguntaba si eso era lo correcto, si era lo que ella esperaba de mí.

Decía saber quién era. Últimamente muchos lo hacían. Todos sabían quién era menos yo. Se comportaban como si hubiera muerto aunque siguiera de alguna manera allí. Aseguraban que me conocían, pero sus actos revelaban lo contrario. Y ella... lloraba lágrimas de sangre a mi lado. 

La extrañeza comenzó a aterrarme. No sabía cuántas cosas importantes había olvidado. Y no sabía si podía fiarme de lo que supuestamente otros sabían sobre mí. Pero en lo más profundo sentía que haberla olvidado era imperdonable. 

Me contagié de su angustia, y por vez primera me sentí vulnerable. Un impulso me llevó a estrecharla entre mis brazos. Su piel estaba fría, igual que la mia. Sólo sus sollozos me hacían saber que padecía y sentía, y que no estaba muerta de verdad. Y a los suyos pronto se unieron los mios.

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