Have yourself a merry little Christmas




Las calles estaban desiertas a aquellas horas. Con el sonido de  sus pasos cómo único acompañante, y el pobre alumbrado público de aquella zona marginal de la ciudad como la lumbre que guiaba su camino, se internó en el laberinto de ladrillo y cristal, de suciedad y miseria.

En cierto modo se sintió aliviado. Allí el ambiente no traía consigo toda la parafernalia que desde semanas atrás se había ido montando en torno a esa fecha.  No traía consigo luces, cánticos, estampas de absoluta y falsa felicidad, propósitos que nunca se cumplirían y hombres obesos vestidos de rojo.

El silencio y la ausencia del espíritu festivo hacían las veces de bálsamo reparador, le permitían pensar con claridad y ser capaz de sobreponerse a lo mucho que le recordaba esta época todo aquello que ya no tenía y que jamás alcanzaría de nuevo. Había perdido la cuenta y ya no recordaba cuantas décadas llevaba padeciendo en lugar de disfrutando la Navidad. Sólo sabía que era mucho tiempo.

Se obligó a suspirar mientras su mente abandonaba aquellas oscuras divagaciones y volvía a ser plenamente consciente de su entorno. Había salido del apartamento en el que normalmente dormitaba huyendo de una larga noche de hastío y amargos recuerdos, y había acabado bajándose en la última parada de la primera línea de metro en la que pudo escabullirse. Ahora estaba rodeado de inmundicia, de putas y mendigos para los que el hecho de que fuese Navidad o no, no cambiaría nada en sus miserables vidas. De alguna manera, eso le hacia sentirse casi como en casa. 

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